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Educación Positiva

Educación positiva.

por Valentina Basualto

 

“Cuando yo tenía 5 años, mi madre me decía que la felicidad era la clave de la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande. Yo respondí “feliz”. Me dijeron que yo no entendía la pregunta y yo les respondí: “ustedes no entienden la vida”.

 John Lennon.

Desde que entramos al sistema educativo, gran parte de ese proceso se orienta en adquirir habilidades y conocimientos para su aplicación en la vida diaria. Cuando aprendemos matemáticas, sin darnos cuenta, aprendemos a contar cuánto pan nos alcanzará con el dinero que tenemos en la billetera. De la misma forma, aprendemos sobre las distintas asignaturas y cómo aplicarlas en nuestras vidas. Sin embargo, hay algo que está pendiente en casi todos los planes de educación y esto es aprender a ser felices desde una perspectiva concreta, basada en la ciencia, aprendiendo a vivir el presente con un propósito y teniendo relaciones significativas con otros.

Es así como los distintos investigadores han estudiado el cómo trasladar conceptos de felicidad al aula, aumentando los niveles de satisfacción de los niños en las salas para que puedan aumentar su motivación y que su pasar por una institución educativa sea más que memorizar contenidos de forma insignificante.

Dentro de los distintos hallazgos, uno de los que más destaca, es la educación de las fortalezas y virtudes individuales en niños (Seligman&Petersen 2004),  la cual invita a los profesores a enseñar y desarrollar estas 24 fortalezas que hacen referencia a: sabiduría, conocimiento, valentía, humanidad, justicia, templanza y trascendencia en las salas de clases.

Se descubrió que las personas cuando identifican sus fortalezas y las aplican en su día a día de forma consciente, de forma inmediata comienzan a aumentar sus niveles de satisfacción con la vida en general. En los establecimientos educativos, el impacto que tiene su enseñanza es mucho mayor aún, porque además de ayudar a los niños a sentirse más felices  puede:

  • Disminuir los índices de violencia escolar (bullying)
  • Niños con capacidad de comunicarse y establecer relaciones de alto impacto con otros.
  • Aumento de la motivación en niños en sus tareas diarias.
  • Aumento de la auto-percepción de la felicidad
  • Niños con altos niveles de resiliencia y capacidad de aprendizaje.

Cuando hablamos de educación positiva, no se trata que los distintos agentes educativos eviten las emociones negativas tales como frustración, enojo, pena, entre otros en niños, sino que a partir de las distintas habilidades adquiridas, puedan gestionar estas malas experiencias y aprender al respecto. Junto con la enseñanza y entrenamiento de fortalezas y virtudes, la educación positiva, busca que los niños puedan experimentar y generar instancias de relaciones significativas con otros, para que puedan aprender en espacios colaborativos y de alta significancia.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Siempre hay instancias en donde la crianza positiva puede tener un impacto. Como adultos podemos desarrollar la educación positiva en niños por medio de distintas estrategias, tales como: enseñar la amabilidad por medio de gentilicios y acciones serviciales, felicitar las conductas de un niño más que el logro (para que dicha conducta se repita), enseñar la gratitud (que facilita la detección de fortalezas en otros) , transmitir que los errores son parte importante en un proceso educativo y es parte del crecimiento.

Cuando hablamos de educación positiva, entonces debemos entender que va más allá de las salas de clases y que todos podemos tener un impacto. Jamás se nos enseñó a ser felices, sin embargo, siempre podemos hacer algo al respecto, ayudando a otros a encontrar su camino para sentirse felices y de la misma forma nos ayudamos a nosotros mismos a encontrar nuestra propia felicidad.

por Valentina Basualto